Memoria
La mente guarda celosahistorias que he creadoy memorias que aún sigo tergiversando.
Son como personajes que han articulado mi propia mitología.
La mente hospeda realidades alternastan lejanas como el deseoe indescifrables como el hubiera.
La mente juega conmigoy lo hace contigoalterando nuestros pensamientos.
Son como pasajes de historias que aún no se cuentan.
Son juegos de la memoria.Soy juegos de memoria.Somos juegos sin memoria.
… Según recuerdo.

———————Imagen: Tomada de Flickr (solo por un rato y sin permiso).

Memoria

La mente guarda celosa
historias que he creado
y memorias que aún sigo tergiversando.

Son como personajes que han articulado mi propia mitología.

La mente hospeda realidades alternas
tan lejanas como el deseo
e indescifrables como el hubiera.

La mente juega conmigo
y lo hace contigo
alterando nuestros pensamientos.

Son como pasajes de historias que aún no se cuentan.

Son juegos de la memoria.
Soy juegos de memoria.
Somos juegos sin memoria.

… Según recuerdo.

———————
Imagen: Tomada de Flickr (solo por un rato y sin permiso).

Se vale llorarMira a su padre con cara de desconcertado, nunca lo había visto gritar tanto. Ni siquiera cuando lo regaña, ya sea por no hacer la tarea o por irse de pinta, da lo mismo, el regaño se siente igual.

Hacía solo 10 minutos que los gritos y las lágrimas eran de alegría y euforia, ahora todo es cosa de insultos y groserías, a veces dirigidos al señor de amarillo, a veces al calvo anaranjado, a veces al portero güerito, a veces al de a lado, al de enfrente, al de la bandera, al que no se calla y al que se la pasa preguntando.

No entiende que está pasando.

Y es que siempre le habían dicho que para pasar de una emoción a otra, tan rápido, tenías que ser mujer y pues no, el estadio está lleno de puros señores como su papá, con camisetas verdes, bigote, sombreros y cerveza en mano. La escena es indescifrable y la pregunta imposible de evitar: “¿se vale llorar?”.

La respuesta está por suceder.

Por cada segundo que pasa, un ojo se inunda de lágrimas, de esas que se niegan a llegar, como el grito de gol que tampoco llega, ni llegará.

Y el niño sigue sin saber como reaccionar.

Finalmente se escucha el silbatazo que da permiso a las lágrimas, al desaliento y a la imborrable frustración.

Los de naranja brincan y algunos locales se burlan, los de verde reaccionan y algunos reparten golpes a los provocadores sin distinción de raza y género. Va parejo para todos y todas.

En eso, la policía llega según para calmar la bronca y llevarse algunos revoltosos, como ese de barba que se parece a su papá, con la misma camiseta, panza y bigote. Ese que le grita algo a la policía -en sabrá Dios que idioma- que para empezar no entiende lo que dice y no tiene el menor indicio de querer conversar.

Lo ve alejarse mientras las tribunas se vacían como cuando se rompe una taza. Voltea y se da cuenta que está solo, mientras los de a lado se siguen golpeando y los demás verdes siguen con el llanto, inconsolables.

Busca a su papá, no lo encuentra y le cae el veinte que era el del pleito, ese que llevaba arrastrado la policía con destino desconocido.

El morro no sabe que hacer.

La gente sigue en estado zombie, llorando y echando madres. Sería inútil pedir ayuda.

Se acuerda de la cancha y ve que los de la sele también están tirados lloriqueando como niñas, destrozados y abatidos.

En ese momento se suelta, por fin, a llorar.
Aunque ignora si es por la selección o por su papá.


Pero sabe que sí se vale: se vale llorar.

———————Foto tomada en el partido México (1) vs Holanda (2) del mundial Brasil 2014. Casi no se ve, pero unos brasileños se estaban burlando de la derrota de México, y unos paisanos los agarraron a golpes. Hasta una brasileña que no se callaba alcanzó.
p.d. #NoEraPenal

Se vale llorar

Mira a su padre con cara de desconcertado, nunca lo había visto gritar tanto. Ni siquiera cuando lo regaña, ya sea por no hacer la tarea o por irse de pinta, da lo mismo, el regaño se siente igual.

Hacía solo 10 minutos que los gritos y las lágrimas eran de alegría y euforia, ahora todo es cosa de insultos y groserías, a veces dirigidos al señor de amarillo, a veces al calvo anaranjado, a veces al portero güerito, a veces al de a lado, al de enfrente, al de la bandera, al que no se calla y al que se la pasa preguntando.

No entiende que está pasando.

Y es que siempre le habían dicho que para pasar de una emoción a otra, tan rápido, tenías que ser mujer y pues no, el estadio está lleno de puros señores como su papá, con camisetas verdes, bigote, sombreros y cerveza en mano. La escena es indescifrable y la pregunta imposible de evitar: “¿se vale llorar?”.

La respuesta está por suceder.

Por cada segundo que pasa, un ojo se inunda de lágrimas, de esas que se niegan a llegar, como el grito de gol que tampoco llega, ni llegará.

Y el niño sigue sin saber como reaccionar.

Finalmente se escucha el silbatazo que da permiso a las lágrimas, al desaliento y a la imborrable frustración.

Los de naranja brincan y algunos locales se burlan, los de verde reaccionan y algunos reparten golpes a los provocadores sin distinción de raza y género. Va parejo para todos y todas.

En eso, la policía llega según para calmar la bronca y llevarse algunos revoltosos, como ese de barba que se parece a su papá, con la misma camiseta, panza y bigote. Ese que le grita algo a la policía -en sabrá Dios que idioma- que para empezar no entiende lo que dice y no tiene el menor indicio de querer conversar.

Lo ve alejarse mientras las tribunas se vacían como cuando se rompe una taza. Voltea y se da cuenta que está solo, mientras los de a lado se siguen golpeando y los demás verdes siguen con el llanto, inconsolables.

Busca a su papá, no lo encuentra y le cae el veinte que era el del pleito, ese que llevaba arrastrado la policía con destino desconocido.

El morro no sabe que hacer.

La gente sigue en estado zombie, llorando y echando madres. Sería inútil pedir ayuda.

Se acuerda de la cancha y ve que los de la sele también están tirados lloriqueando como niñas, destrozados y abatidos.

En ese momento se suelta, por fin, a llorar.

Aunque ignora si es por la selección o por su papá.

Pero sabe que sí se vale: se vale llorar.

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Foto tomada en el partido México (1) vs Holanda (2) del mundial Brasil 2014. Casi no se ve, pero unos brasileños se estaban burlando de la derrota de México, y unos paisanos los agarraron a golpes. Hasta una brasileña que no se callaba alcanzó.

p.d. #NoEraPenal

SudandoEl encargo se había convertido en su obseción personal. Dedicaba cada instante del día a forjar su perfección, cada neurona a realizar la obra maestra.Leonardo era un genio, pero esto iba más allá.Podría llegar a ser su obra más importante, trascendería el arte al instalarse en lugares más sensibles y profundos, como las creencias de millones de religiosos en la historia.La luz debía ser perfectamente manipulada en la cámara oscura del Castello di Fontanellato, ya que estaba a punto de ser concebida la primera fotografía de la historia. Pero al maestro era lo que menos le importaba. Mucho menos la presión que tenía del papa Leone X y su hermano Giuliano di Medici.Para él, esto no era un proyecto, era la puerta a la eternidad.El genio estaba a punto de lograrlo.Sudaba como pocas veces.Le temblaban las manos y gritaba de desesperación, a veces de emoción.Faltaba poco para que su vida tomara otra dimensión.De esas a las que solo acceden las deidades."Aunque sean pocos los que valoran y comprenden mis obras, ahora todos, todos me adorarán" - se repetía a sí mismo, mientras sonreía.Leonardo puso todo su empeño.Vertió su ego en este capolavoro.Derramó su orgullo narcisista en cada intento de impresión en el lino. Puso todo de él.Hasta que por fín lo logró.En el silencioso misterio, había logrado inmortalizar su esencia, en una imagen eterna. En un estresante, solitario y oscuro rincón, había alcanzado el Zión de los genios, el Olimpo de los artistas.Su silueta quedó impregnada en la tela.Había logrado lo que nadie jamás había imaginado hasta entonces, dándole un acceso inmediato a la historia, como el mayor inventor de todos los tiempos.Pero eso, a Leonardo no le importó.No buscó la honra del gremio de la ciencia y las artes, y sí la de generaciones de creyentes.El único dios en la obra, fue su intelecto.El único sudor que estuvo cerca del sudario, fue el del maestro.El genio anónimo.Leonardo di Ser Piero da Vinci.—————
(Imagen: Sudario de Turín, tomada de una postal, recuerdo de cuando pude saludarlo)

Sudando

El encargo se había convertido en su obseción personal. Dedicaba cada instante del día a forjar su perfección, cada neurona a realizar la obra maestra.

Leonardo era un genio, pero esto iba más allá.

Podría llegar a ser su obra más importante, trascendería el arte al instalarse en lugares más sensibles y profundos, como las creencias de millones de religiosos en la historia.

La luz debía ser perfectamente manipulada en la cámara oscura del Castello di Fontanellato, ya que estaba a punto de ser concebida la primera fotografía de la historia. Pero al maestro era lo que menos le importaba. Mucho menos la presión que tenía del papa Leone X y su hermano Giuliano di Medici.

Para él, esto no era un proyecto, era la puerta a la eternidad.

El genio estaba a punto de lograrlo.
Sudaba como pocas veces.
Le temblaban las manos y gritaba de desesperación, a veces de emoción.
Faltaba poco para que su vida tomara otra dimensión.
De esas a las que solo acceden las deidades.

"Aunque sean pocos los que valoran y comprenden mis obras, ahora todos, todos me adorarán" - se repetía a sí mismo, mientras sonreía.

Leonardo puso todo su empeño.
Vertió su ego en este capolavoro.
Derramó su orgullo narcisista en cada intento de impresión en el lino.
Puso todo de él.

Hasta que por fín lo logró.

En el silencioso misterio, había logrado inmortalizar su esencia, en una imagen eterna. En un estresante, solitario y oscuro rincón, había alcanzado el Zión de los genios, el Olimpo de los artistas.

Su silueta quedó impregnada en la tela.
Había logrado lo que nadie jamás había imaginado hasta entonces, dándole un acceso inmediato a la historia, como el mayor inventor de todos los tiempos.

Pero eso, a Leonardo no le importó.

No buscó la honra del gremio de la ciencia y las artes, y sí la de generaciones de creyentes.

El único dios en la obra, fue su intelecto.
El único sudor que estuvo cerca del sudario, fue el del maestro.
El genio anónimo.

Leonardo di Ser Piero da Vinci.


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(Imagen: Sudario de Turín, tomada de una postal, recuerdo de cuando pude saludarlo)